Becas, instrumento para la equidad
Becas, instrumento para la equidad

La difícil situación económica, combinada con las políticas de recortes emprendidas por el Gobierno, ha puesto en peligro los pilares que sustentan nuestro Estado de Bienestar, acrecentando desigualdades que arriesgan el nivel de cohesión social que nuestro país ha alcanzado.

El Sistema Universitario Público español fue una pieza clave en el cambio político y social que vivió nuestra sociedad, cambio que también tuvo su eco en el seno de nuestras universidades. En los últimos 35 años nuestras universidades han pasado de un modelo homogéneo a una realidad más abierta y con mayores garantías de acceso para los diferentes estratos socioeconómicos. Según datos de la OCDE, de los jóvenes españoles de edades comprendidas entre 25 y 35 años, el 40% poseen un título universitario, dato que nos sitúa 6 puntos por encima de la medía de los países de la OCDE y que es muestra del rol de la universidad como motor de cambio social y el resultado de las políticas emprendidas en los años 80 para garantizar el acceso en igualdad a la educación superior.

Los instrumentos fundamentales para la consecución de la equidad en el acceso a la educación universitaria han sido un sistema de precios públicos y una política de becas universitarias. Las becas son una pieza indispensable para nuestro sistema universitario y para nuestra sociedad, ya que con ellas se ha podido reducir la desigualdad social y se ha creado una sociedad más cohesionada y con mayores niveles de formación. La política de becas, en las últimas décadas,  han permitido superar las grandes barreras que pueden limitar el acceso a la universidad, como son las escasez de recursos económicos propios, las necesidades formativas especificas que restringen la movilidad internacional, la falta de recursos para la dedicación a la carrera investigadora y la distancia del domicilio respecto a los campus universitarios o las deficiencias del transporte público.

En los últimos años, desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte se ha introducido un conjunto de medidas que suponen un giro a las políticas desarrolladas a lo largo de la democracia. Estos cambios se introducen en una época caracterizada por una profunda crisis económica y por un profundo malestar social agravado por las políticas adoptadas por los gobiernos. Entre estas medidas resaltaré, por un lado, la subida de los precios de las matriculas llegando en solo dos años a aumentar alrededor de un 35% su valor (en el caso del grado) y, por otro lado, medidas como el endurecimiento de los criterios exigidos para la concesión de las becas, primando el criterio de excelencia académica frente al de necesidad. En el caso concreto de las becas del ministerio para el estudio se ha aumentado de forma desmesurada los requisitos, alcanzando la exigencia del 100% del rendimiento académico (en el caso de la rama de sociales y humanidades) y dando protagonismo a la nota media para la definición de la cuantía de la beca a través de una formula que el estudiante no podrá descifrar hasta que se le conceda. ¿Por qué no es suficiente  el hecho de que el estudiante consiga aprobar las asignaturas? ¿se le penaliza de la misma forma al estudiante que sin beca no obtiene las mejores notas? No estoy en contra de la existencia de becas que premien la excelencia académica, pero no hay que olvidar que la función principal de las becas es garantizar el acceso de aquellos con menos recursos en igualdad de condiciones. Esa diferenciación entre los estudiantes que tienen capacidad económica y los que no la tienen es injusta. Los estudiantes en el nuevo modelo universitario han vivido un cambio en la dedicación académica: no es lo mismo estudiar sin tener más preocupaciones que los estudios, que tener que sostenerse por sí mismo, obtener recursos para gastos que no cubren las becas o apoyar al sustento de la economía familiar.

Hay que tener en cuenta las modificaciones que han sufrido otro tipo de becas  como las futuras restricciones de acceso a las becas Erasmus, el cambio de las requisitos en las becas de colaboración o  hasta la desaparición del programa Séneca.

Estos cambios provocan una situación de inseguridad continua y  frustran las expectativas con las que el estudiante inició su formación universitaria.

Mucho es el esfuerzo que estamos haciendo las universidades para minimizar los efectos que estas medidas están teniendo en los estudiantes creando convocatorias propias de ayudas, aumentando la cuantía de estas y tomando medidas para facilitar el día a día de los estudiantes. Lamentablemente, contamos, según el Observatori del Sistema Universitari, con los precios de matrícula de grado de los más altos de la Unión Europea y además la inversión en becas es de un 0’11% lo que nos sitúa por debajo del 0’24% de media de la OCDE. Este conjunto de políticas y medidas puede conducirnos a una situación en que muchos jóvenes no lleguen a las universidades porque no encuentren una política que permita la existencia de la equidad en el acceso. Esto repercutirá, sin duda alguna, en el futuro de nuestra sociedad como una sociedad justa y desarrollada. Las universidades seguiremos trabajando por la equidad social.

Daniel González Serisola
Delegado del Rector para Estudiantes de la Universitat de València.

(Publicado en el diario El Mundo domingo 17/11/2013)

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